18 - Bárdico
El único compañero de Dante que quedaba entre la multitud del pasillo entró apresurado a la arena, le dedicó una mirada asesina a Ludo antes de hincarse junto al moreno inconsiente.
—Él fué el de la idea del versus —dijo el íncubo con hombros encogidos.
Por el rabillo de su ojo, Ludo vió entrar la figura menuda de NovaTec, aun los separaban algunos metros pero sonrió en el instante en el que le llegó la mezcla del olor de las moras con desinfectante, vio que no ingresó solo, a su espalda lo acompañaban tres galenos, los cuatro llegaron con Dante primero, le dieron un chequeo rapido hasta que NovaTec confirmó en voz alta que estaba fuera de peligro.
—Llévenlo a la ala galena —pidió el médico a sus asistentes—, solo está debilitado por la pérdida de sangre, en un par de horas estará bien.
Uno de los galenos introdujo una camilla y comenzaron a maniobrar al folklorista con algo de dificultad a causa de las grandes proporciones de su cuerpo.
NovaTec aún mantenía su mueca de disgusto cuando se encontró con la mirada celeste y la sonrisa blanca de Ludovic, el íncubo sabía que le esperaba un largo sermón por parte de su amigo, pero estaba feliz de que al menos tendría un momento con él cuando le revisara las secuelas que le dejó el combate.
—Esos hoyuelos no funcionan conmigo—espetó molesto una vez estuvo frente a él.
Tomó a Ludovic de sus brazos y los levantó revelando una herida abierta en su costado, el tornasol de su sangre ya tenía humedecida su vestimenta de combate. La mayoría de los cortes y moretones ya se veían sanando dejando solo algunas porciones de piel pálida al descubierto, uno de sus pezones saltaba a la vista por el destello plateado de su piercing.
—Recuerdo que me haz llegado a decir que mi sonrisa es uno de mis mejores atributos —aseguró. Ludovic no tenía buena memoria, pero atesoraba los cumplidos que le llegaba a hacer NovaTec, como cuando le dijo apuesto frente en su ultima revisión.
«Lo dijo frente a su alumna Jen, pero lo dijo» pensó.
—También dije que tenías cara de hámster descuidado, cuando nos conocimos —señaló el médico—, da algo de nostalgia comparar tu persona ahorita con lo arisco y depresivo que eras hace décadas.
NovaTec levantó la parte superior de la vestimenta de combate de Ludo, el médico frunció el ceño al ver que bajo el vello oscuro de los abdominales del íncubo se había vuelto a abrir la vieja herida de cuando lo atravesó Castello con su espada.
—Te veo en mi oficina en una hora, tendré que revisarte OTRA VEZ antes de que te salgas a Zan Mar Tyn —terminó con una maldición en etrusco que Ludovic no llegó a entender.
NovaTec se giró hacia Dante en la camilla, ya tenía abiertos sus ojos pero se seguía viendo aturdido. Nadie previó qué este se levantara y abalanzara hacia su martillo que seguía tirado en el suelo, cuando lo agarró saltó directo a Ludovic.
—¡Maldito cabrón!
Ludovic reaccionó con rapidez desenfundando sus katanas, no llegó a detener el golpe pues una explosión de sonido resonó en medio de ambos folkloristas, los dos salieron volando algunos metros hasta que cayeron de espaldas, desarmados.
El eco que dejó la explosión siguió envolviendo la arena con una vibración etérea que aun se sentía en el aire. Ludovic había quedado desorientado, suspiró de alivio al ver a NovaTec recoger sus katanas no muy lejos de él, era el y sus asistentes parecían ser los únicos que no se veían perturbados por lo que pasó.
Dante olvidó sus lesiones y debilidad pues se puso de pié visiblemente nervioso, se le veía mordiendo sus labios de forma constante.
La arena volvió a ser envuelta por la resonancia angelical, las molestias y heridas restantes desaparecieron tanto del cuerpo de Ludovic como en Dante, incluso este ultimo se le vio con más color, como si no acabara de perder un par de litros de sangre.
Ludo tardó en darse cuenta que lo que acababa de escuchar fue volenska, el idioma mágico de los bardos.
Ya no no había rastro de la multitud que estuvo observando la batalla en el pasillo, tan solo quedaban Charlotte y Victoria, ambas observaban a la persona que había separado a los folkloristas con la anterior explosión.
Se trataba de una mujer de piel apiñonada con cabello negro largo entrecano. A pesar de su visible edad su presencia denotaba fuerza y elegancia. La ropa que llevaba era muy parecida a la que se le veía usar al maestre Waite, tenía ese peculiar diseño entre medieval, moderno y esotérico. Portaba una falda larga que llegaba hasta sus tobillos suelo cuyo estilo recordaba a las fachadas de rascacielos artdeco, aunque lo que más resaltaba en la mujer era la media máscara que ocultaba la mitad de su nariz, boca y barbilla, esta hacía que sus ojos color arena resaltaran como faros.
«Creí que se trataba de una broma de mal gusto cuando me dijeron que al parecer YO había autorizado un versus, uno entre un folklorista y un cerbero.» Se escuchó una voz femenina decir dentro de la cabeza de todos los presentes. «Imaginen mi sorpresa cuando vi el nombre de mi hijo como participante de ese programa, me di cuenta también que mi reloj de folklorismo no se encontraba por ninguna parte. No me fue difícil intuir lo que pasaba.»
El silencio que ahora reinaba en el recinto hizo que el eco de los tacones sonara más fuerte. La mujer se detuvo junto a NovaTec quien revisaba había estado revisando la hoja de una de las katanas de Ludo, el médico se giró y levantó su mirada.
«Buongiorno, Lazzaro.» Todos volvieron a escuchar el eco en sus cabezas.
—Buongiorno, Beatriz —respondió él en voz alta—. Ya sabes lo que pienso sobre el uso de mi nombre.
«Oh… cierto. NovaTec» Dijo inclinando un poco su cabeza. «Me extraña que no hayas detenido el programa.»
—Lo intenté, pero tus credenciales tienen un fuerte peso sobre Monad, muy por encima de las mías siempre—explicó antes de lanzar ambas katana hacia Ludo el cual la atrapó sin problemas—. Siempre me ha parecido curioso a pesar de que tu misma dices no ser buena con la tecnología.
«No lo soy, pero interactúo mucho con Monad cuando envío a mis bardos al páramo, a fin de cuentas somos quienes más nos exponemos a peligros desconocidos y somos los únicos que podemos soportar el combate al otro lado del velo.»
—Sin pseudociencias no tendrían forma de entrar ni salir del páramo.
«Antes de que formaras parte de la cofradía ya nos las apañabamos a nuestra manera.» La voz mental de Beatriz comenzó a sonar altanera.
—Si no hubiera sido por mi y el maestre Parcelso y Voltaire la cofradía seguirán realizando folklorismo como si aún estuvieramos en el medioevo.
Aquella frase mantuvo expectante a Beatriz por varios segundos, solo mantenía fija su mirada color arena en NovaTec, misma que compartía con Dante. El médico casi podía estar seguro de que había una sonrisa altiva oculta tras su media máscara.
Beatriz cruzó sus brazos haciendo sonar la joyería en su ropa. Se colocó frente a su hijo quien se mantenía de pie con la mirada baja, de vez en cuando seguía lanzando a Ludovic ojos asesinos aunque este ya ni le prestaba atención, estaba más atento al yi-mini que creía haber olvidado pero que le seguía orbitando.
Los tres galenos que estuvieron a punto de llevarse a Dante en la camilla ya no sabían cómo proceder pues el conjuro bárdico de Beatriz había estabilizado a Dante por completo.
Después de mucho aguantar y al ya no soportar la ansiedad que le probocaba el silencio de su madre Dante levantó su mirada. Beatriz extendió una mano llena de anillos en donde el berserker colocó el reloj que no era suyo.
«Tu padre no te educó para que estés tomando lo que no es tuyo.»
—Siempre lo olvidas por todos lados —respondió en voz baja como si fuera un niño regañado y no un adulto de casi dos metros de altura.
«¿Y eso te da derecho a utilizarlo en esta clase de tonterías? Si Francisco aún estuviera con nosotros estaría muy decepcionado.»
Dante se quedó callado volviendo a bajar la mirada.
«¿Y bien?, ¿vas a dejar esperando a los galenos?, tienen más cosas que hacer que atender a un folklorista malcriado.» Se dirigía a él pero todos podían escuchar sus palabras lo cual no hacía más que aumentar su incomodidad.
—Ya estoy bien —fue lo único que respondió.
«No soy una bardo de sanación, ve a que te revisen, esa herida que te hicieron en tu espalda parecía muy profunda.» Tras un breve momento Dante volvió a sentarse en la camilla. Con un sencillo asentimiento de cabeza Beatriz dio indicaciones a los galenos de que se lo llevaran de ahí. El compañero de circulo de Dante lo siguió en silencio.
Solo quedaron Beatriz, NovaTec y Ludovic eran los unicos que quedaban, ya ni siquiera se veía a Charlotte o Victoria afuera.
«NovaTec» Llamó Beatriz de pronto «¿No deberías de estar terminando las reparaciones de los caminos?, el circulo filarmónico tiene varios casos retrasados.»
—En eso estaba, pero igual que tú tuve que venir a atender esto, sabes que siempre que hay un versus le llega la notificación al ala galena —confirmó—. Y no te preocupes, tus bardos volverán a caminar muy pronto por el páramo.
«Eso espero.»
La mirada color arena de Beatriz se fijó de pronto en Ludovic, avanzó hacia él provocando que el eco de sus tacones repicara de forma aguda. La mujer era alta, casi empatando el uno ochenta y cinco del íncubo, pero de alguna forma Beatriz seguía imponiendo, como si fuera capaz de romper un diamante con solo observarlo.
Ludo se mantuvo en silencio mientras una mano enjoyada tomaba una porción de las vestiduras rotas del cerbero, lo miró de arriba abajo, deteniéndose unos segundos en su collar de obediencia. Soltó el trozo de tela y observó la mancha tornasol que quedó en sus dedos.
«Ludovic, ¿cierto?» Preguntó. Esta vez la voz solo se se escuchó en la mente del íncubo. «Fuiste el ultimo compañero cerbero que tuvo Francisco, ¿no?» Ludo asintió «Tu nombre ha sido muy mencionado entre el consejo desde lo que sucedió con Barone Castello y su corte.»
Ludovic continuó callado por unos segundos antes de encogerse de hombros.
—Recuerdo que el señor Fortuna mencionaba mucho que muchos problemas pueden ser solucionados de forma discreta y con pocas manos, ¿no es algo que llegó a mencionar con usted?
«Dudo mucho que lo que hiciste pueda considerarse discreto» aseguró mientras se limpiaba los dedos con un pañuelo que sacó de su bolsillo. «Pero en efecto, esas son palabras de mi esposo. Tal vez si Dante hubiera pasado más tiempo con su padre...»
—Era muy pequeño, ¿no? —Ludovic suponía a lo que se estaba refiriendo Beatriz. Si Dante aun estuviera ahí de seguro se cabrearía al ver la forma tan casual con la que se dirigía a la maestre de filarmónicos.
«Sabes que por la maldición del lirio resulta difícil medir el tiempo entre los folkloristas, pero si, Dante aun era un niño.» Aseguró mientras se le veía perder su mirada en sus recuerdos. «Tal vez el problema de mi hijo es que ve a Francisco más como un heroe de la cofradía que como padre.» Beatriz sacudió su cabeza desconcertada de sus propias palabras. «¿Pero qué estoy haciendo?, rememorando a los muertos con un cerbero en vez de estar trabajando.»
Ludovic volvió a mantenerse callado, aunque se logró entrever una sutil sonrisa en sus comisuras por también haber recordado un poco a su antiguo compañero de folklorismo.
Beatriz le dedicó un último vistazo antes de girarse hacia NovaTec quien desde hacía tiempo los veía consternado por no saber de lo que estaban hablando.
«Estaré atenta a los resultados de tu próximo caso, Ludo.» Aseguró, el íncubo le sintió decir su nombre con el acento con el que solía escuchar a Francisco Fortuna.


